DEL AUGE A LA VULGARIDAD

CHUPARSE LOS DEDOS EN UN MARCO INOLVIDABLE
marzo 26, 2017
Entrevista Rofe Producciones
marzo 29, 2017
Show all

DEL AUGE A LA VULGARIDAD

Por Aránzazu del Castillo

La historia del mimo guarda una importante relación con el imperio romano y sus peculiares dirigentes.

En aquel entonces los emperadores se consideraban y eran considerados “amigos del pueblo”. Sabían exactamente qué debían ofrecer este para despertar en él una ferviente admiración por sus mandatarios. Así lo refleja la conocida frase “pan y circo -panem et circenses-”.

En Roma, la mitad de la población no trabajaba y la otra mitad se quedaba libre a partir del mediodía. Eso significa que, aparte de repartir alimentos, los emperadores debían preocuparse de repartir diversión y ocupar ese tiempo ocioso para que nadie pudiera cuestionar las decisiones que se tomaban desde la cúpula.

Durante el s. II a. C., convivieron en Roma las comedias de estilo Griego de Terencio y Plauto con otras denominadas mimos. Estas últimas, bastante populares, combinaban sátira y bufonería y trataban de reflejar el día a día de la manera más realista posible. Mostraban la realidad tal cual, cruda y sin adornos, con argumentos centrados en situaciones ridículas y personajes bajos.

Aunque las autoridades romanas eran conscientes de la conveniencia de los mimos como forma de diversión y “opio para el pueblo”, la suerte de estos artistas dependió bastante de los gustos y particularidades de cada emperador.

Augusto de Roma, por ejemplo, disfrutaba a menudo de sus esclavos mimos. De hecho, vio en ellos una oportunidad para, a través de su lenguaje basado en la elocuencia y el gesto, unificar la multiplicidad de lenguas que había en su imperio en una lengua universal. Parece ser que este aspecto que lo traía de cabeza… Durante su imperio, los mimos gozaron de un estatus privilegiado en la sociedad y muchos de ellos llegaron a ser muy pudientes.

Durante su imperio existieron dos mimos muy famosos: Pílades, de Sicilia, que era trágico y Batilo, de Alejandría, el cual era cómico. Entre ambos se respiraba una gran rivalidad, hecho que se hizo patente en varias trifulcas públicas. En una ocasión, el emperador llegó a censurar a Pílades, después de que algunas de sus bromas y burlas dieran demasiado de que hablar por Roma. Este, muy inteligentemente le respondió: “Por su propio bien, César, le conviene que la gente se interese en nosotros”. Parece que, después de todo, el hombre siguió el consejo del artista.

Otros mandatarios, en cambio, no sintieron la simpatía que Augusto experimentaba por los mimos. Tiberio los expulsó y Calígula los hizo volver… para más tarde pedirles que desaparecieran de su vista.
El mimo ha sufrido altibajos a lo largo de la historia. Con el desarrollo del Imperio Romano este estuvo a punto de desaparecer debido a que la pantomima se fue progresivamente vulgarizando hasta quedar reducido a una expresión, a menudo obscena del pueblo y sus fiestas. En palabras de Peter Roberts, se había convertido en un “espectáculo nauseabundo”.

Aunque en la Edad Media prácticamente fue un arte extinto algo hizo reavivar las llamas del arte del silencio y los gestos…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *